España desde 1931
Salvador de Madariaga
(La
Coruña, 1886-Locarno,
Suiza, 1978) Ingeniero. En 1916 se
trasladó a Londres para ser redactor en The
Times. En 1917 apareció su libro La guerra desde Londres y en 1920 su primer volumen de ensayos Shelley and Calderón and other Essays English
and Spanish Poetey. Desde 1921
hasta 1927 trabajó en Ginebra en la secretaría de la Sociedad de Naciones. Fue profesor de literatura española en Oxford
(1928-1931) y en México.
Al declararse la II República fue nombrado embajador en Washington y París (1932) Fue diputado en las cortes constituyentes por La Coruña por el Partido Federal Republicano Gallego. En 1934 fue nombrado Ministro de Instrucción Pública y de Justicia con Lerroux. Respecto del alzamiento socialista de octubre de 1934 Madariaga afirmó que "Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral ara condenar la rebelión de 1936". El clima social en la República tras el nombramiento de Azaña lo describe así: "Aumentaron, en proporción aterradora, los desórdecnes y las violencias, volviendo a elevarse llamaradas y humaredas de iglesias y de conventos hacia el cielo azul, lo único que permanecía sereno en el paisaje español. Continuaron los tumultos en el campo, las invasiones de granjas y heredades, la destrucción del ganado, los incendios de cosechas. En el país puluaban agentes revolucionarios a quienes interesaba mucho menos la reforma agraria que la evolución. Huelgas por doquier, asesinatos de personajes políticos de importancia local. Había entrado el país en una fase francamente revolucionaria"
. Al estallar la guerra civil estaba en España pero se apartó de ambos bandos en lucha y se exilió de los dos, fijando su residencia en Inglaterra (se definió como "neutral, igualmente distante de ambos bandos"). Nuevamente fue profesor de literatura española en la Universidad de Oxford.
Regresó a España en abril de 1976, pero se marchó de nuevo enseguida. Fue colaborador habitual de la revista "Ibérica" (Nueva York, 1954-1975), dirigida por Victoria Kent.
Igualmente publicó en 1976 (Obra poética) así como Anarquía o jerarquía (1935), El corazón de piedra verde(1942), Guerra desangre(1957), Una gota del tiempo (1958), El semental negro (1961), Sauco Pauco (1964), Colón (1940), Hernán Cortés(1941) y Bolívar(1952, Guía del lector del Quijote (1926); Ingleses, franceses, españoles (1928-1929); España (1930); Don Juan y la Don Juanía (1950), Portrait of Europe (1952), Presente y porvenir de Hispanoamérica y otros ensayos (1960); Españoles de mi tiempo (1974); Dios y los españoles (1975). Cultivó también el teatro: Viva la muerte (1965), La Cruz y la bandera (1967). Fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1936 aunque por su huida al inicio de la guerra y su no alineación con ninguno de los bandos, no pronunció su discurso de ingreso hasta 1976. Fue uno de los principales exponentes del liberalismo europeo y autor de los libros de definición política Anarquía o jerarquía (1935) y ¡Ojo, vencedores! (1945). Desarrolló teorías respecto de la democracia orgánica en su obra Anarquía o jerarquía (1935), obra que incluso regaló a Franco en la Granja el Henar de Madrid. Sobre Franco afirmó que "Me llamó la atención por su inteligencia concreta y exacta más que original y deslumbrante, así como su tendencia natural a pensar en términos de espíritu público sin ostentación de hacerlo" (Memorias. Amanecer sin mediodía, Espasa-Calpe, 1974, p.532)
Como antecedente, junto con Giner de los Ríos, de la democracia orgánica escribió que todo gobierno era una oligarquía, y que como el sufragio universal movilizaba a masas populares sin conocimientos políticos y mayoritariamente sin interés en la política, eran manipulables por los dictadores, ya que los electores "no votan a quien quieren, sino a quien pueden", es decir, a quienes están en una pequeña lista hecha por otros, cuyos intereses no conocen y que no pueden tocar. Por ello, proponía que el voto de los ciudadanos no pasase del ámbito municipal, luego los concejales elegirían a los diputados regionales, estos al Parlamento y éste al gobierno. Incluso proponía que junto a la estructura política hubiera una estructura económica regida por un Consejo Económico Nacional. Todo ello, decía, constituiría una democracia orgánica unánime. Con ello, manteniendo los partidos políticos, los dirigía en un nuevo control político más reducido (Anarquía o jerarquía, Madrid, Ed. Aguilar, 1935, pág. 151 y ss.).
Sobre la revolución de octubre de 1934 afirmó (en su obra "España", Espasa-Calpe, 978, pag. 362) también que "El alzamiento de 1934 [socialista y anarquista] es imperdonable. La decisión presidencial de llamar al poder a la CEDA era inatacable, inevitable y hasta debida desde hace ya tiempo. El argumento de que el señor Gil Robles intentaba destruir la Constitución para instaurar el fascismo era, a la vez, hipócrita y falso. Hipócrita porque todo el mundo sabia que los socialistas de Largo Caballero estaban arrastrando a los demás a una rebelión contra la Constitución de 1931, sin consideración alguna para lo que se proponía o no el señor Gil Robles; y por otra, a la vista de que el señor Companys y la Generalidad entera violaron también la Constitución."
"En cuanto a los mineros asturianos, su actitud se debió por entero a consideraciones teóricas y doctrinales que tanto se preocupaban de la Constitución como de las coplas de Calainos. (.....) eran obreros bien pagados (.....) "
"Por otra parte, como los hechos iban a demostar, la CEDA no tenía intención alguna contra el Estatuto catalán. (.....)."
" Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936."
Respecto de la salidad que el Frente Popular hizo de las obras artísticas del Museo del Prado afirmó ... "El cacareado salvamenteo de los cuadros del Prado, lejos de ser tal salvamento, fue uno de los mayores crímenes que contra la cultura española se han cometido jamás (...). Madrid poseía precisamente la mejor cámara subterránea quizá entonces del mundopara la protección de tesoros artísticos, recién terinada con arreglo a la técnica más moderna a treinta metros de profundidad basjo el Banco de España. A los técnicos ingloeses que visitaron España entonces se les enseñó un par de cuadros del Greco enmohecidos porla humedad para hacerles creer que esta cámara subterránea no era suficiente. A la sazón presidente de la Oficina Internacional de Musesos de la Sociedad de Naciones, pude estudiar documentación suficeiente para asegurar aquí que los cuadros del Museo del Prado no debieron haber salido nunca de madir, y que no hubieran salido de no haber perdominado en el Gobierno de enteonces la pasión pol´ticia más miserable sobre el respto a la cultura y al arte"